edifiqué, palmo a palmo, mi muralla.
Elegí el cofre más seguro
y en el rincón más oscuro
escondí mi corazón
para que no lo hallaran.
Después tejí
la mejor de las corazas
con rencores, con miedos y con rabia.
Me hice un escudo
forjado de tristezas
de reproches y desesperanza...
Elegí mis armas con cuidado
sabía con certeza
que cada día sería una batalla.
Jamás imaginé
que para mi derrota
bastara tu mirada...
